Cómo influye el afecto en el comportamiento y la salud de los niños

Image by senivpetro on Freepik

Todo niño necesita desde su nacimiento amor, cuidado y afecto físico —independientemente de su género—. Sin embargo, en la cultura de muchos países todavía persiste el estereotipo de que las niñas necesitan ternura, mientras que los niños deben criarse con disciplina, sin “mimos”.

Muchos padres, sin darse cuenta, tratan a sus hijos varones con más reserva, los abrazan con menos frecuencia y expresan menos sus emociones. Pero ¿realmente los niños son menos sensibles? Los datos científicos actuales dicen lo contrario.

Según algunos estudios, durante el primer año de vida, a las niñas se las carga en brazos y se las abraza mucho más a menudo que a los niños. La diferencia puede ser de cinco veces o más. Este no es solo un dato curioso: esta diferencia en el contacto físico puede tener consecuencias en el desarrollo emocional y físico del niño. Psiquiatras y neuropsicólogos destacan cada vez más que los niños también necesitan amor físico y vínculos afectivos, especialmente durante los primeros años de vida, cuando se forman las nociones básicas sobre uno mismo y el mundo.

 

¿Por qué el afecto físico es importante para los niños desde el nacimiento?

Desde los primeros días de vida, el contacto físico con los padres es uno de los canales más importantes de comunicación y una fuente de seguridad para el niño. Ayuda a regular procesos fisiológicos como la respiración, el ritmo cardíaco y el sueño. Pero también es fundamental para el desarrollo cerebral.

El afecto físico no es solo un placer táctil. Los abrazos, los besos y las caricias estimulan la producción de oxitocina —la hormona responsable del apego y la cercanía emocional—. Con el contacto físico regular, se activan en el cerebro del bebé las zonas responsables de la confianza, la calma y la capacidad de empatizar.

El neuropsicólogo Allan Schore, especialista en apego emocional, y otros investigadores señalan que los niños son biológicamente un poco más vulnerables durante los primeros meses de vida. Su sistema nervioso se desarrolla más lentamente y manejan peor el estrés. Esto significa que es especialmente importante que los niños sientan apoyo físico: así reciben señales de que el mundo es seguro y de que hay un adulto confiable cerca.

El reconocido psiquiatra estadounidense Ross Campbell, en su libro “Cómo amar de verdad a los niños”, enfatizaba que la falta de afecto físico en los niños desde el nacimiento hasta los 7–8 años puede ser una de las causas del aumento de la ansiedad, trastornos de conducta y dificultades sociales. Señalaba que en las clínicas psiquiátricas de EE. UU. hay varias veces más niños menores de tres años que niñas, y esta diferencia se acentúa aún más en la adolescencia. Este desequilibrio no puede ser casual: indica que a los niños les falta apoyo emocional y amor físico.

Niño pequeño feliz y sonriente salta sobre la espalda de su padre y monta sobre él

stock.adobe.com

 

¿Qué ocurre cuando falta el afecto?

Cuando un niño —especialmente en la primera infancia— no recibe suficiente contacto físico ni calor emocional, su organismo se mantiene en un estado constante de alerta ante el estrés. Esto afecta tanto al comportamiento como al desarrollo del sistema inmunológico, nervioso y cardiovascular.

La falta de afecto puede provocar:

  • Mayor ansiedad e irritabilidad
  • Menor capacidad de empatía y dificultad para establecer relaciones cercanas
  • Problemas de autoestima
  • Tendencia a comportamientos impulsivos o agresivos
  • Trastornos del sueño, falta de concentración y dificultades de adaptación social

Las investigaciones en el campo de la psicosomática demuestran que los adultos que crecieron en un ambiente de frialdad emocional padecen con más frecuencia enfermedades crónicas —en particular, hipertensión, trastornos cardiovasculares, trastornos alimentarios y depresión—.

Los psicólogos François Lespérance y Nancy Frasure-Smith subrayaban que el estilo de crianza durante la infancia programa no solo la psique, sino también el estado general de salud en la vida adulta. Los niños criados en un entorno de severidad, sin diálogo y sin derecho a expresar sus emociones, tienden a desarrollar un tipo de personalidad reprimida, propensa al estrés crónico y a enfermedades psicosomáticas.

 

Cómo cambia la necesidad de cercanía con la edad

Un bebé necesita ser abrazado, mecido, sostenido cerca. A esta edad, cada gesto de amor es una señal de seguridad. Con el tiempo, las formas de cercanía física cambian, pero su importancia se mantiene.

En la etapa preescolar (de 3 a 6 años), los niños exploran activamente el mundo y pueden volverse menos dependientes del afecto físico, pero sigue siendo importante. Es una etapa de juegos, risas y actividades compartidas. El contacto físico en forma de abrazos, caricias cálidas y participación en juegos activos fortalece el vínculo emocional entre el padre o la madre y el niño.

A medida que crecen, las formas tradicionales de ternura pasan a segundo plano. Pero aparecen otras más “masculinas”: luchas, juegos bruscos, palmadas en el hombro, bromas afectuosas. No es solo juego, es una forma de aprobación, apoyo y conexión. A través de ella, el padre puede demostrarle a su hijo que está presente y lo acepta.

En la edad escolar temprana (de 7 a 11 años), muchos niños comienzan a alejarse de las muestras abiertas de afecto, especialmente en público. Esto se debe a las normas sociales y al deseo de independencia. Sin embargo, en esta etapa el contacto físico puede transformarse: una palmada en el hombro, un apretón de manos, juegos de lucha —todo ello sigue siendo una expresión de amor y apoyo.

Los adolescentes (a partir de los 12 años) suelen rechazar los abrazos y besos. Pero en momentos de estrés —enfermedades, decepciones, conflictos— la necesidad de apoyo parental regresa. Incluso si el hijo se muestra distante, es importante estar presente, respetar su espacio, pero no cerrar la puerta a la cercanía física y emocional.

Es muy importante que los padres no rechacen los intentos del adolescente de acercarse. Si un joven, después de un día difícil, quiere abrazar a su madre o sentarse junto a su padre, no hay que alejarlo con frases como “ya eres mayor”. Estos gestos son una muestra de confianza y una profunda necesidad interna de aceptación.

Padre e hijo juegan con una pelota en el bosque

stock.adobe.com

 

Autoridad o severidad: cómo influye el estilo de crianza en la salud

Algunos padres creen que la severidad y la distancia forjan el carácter. Sin embargo, numerosos estudios lo desmienten. Una crianza dura y sin afecto, donde los sentimientos del niño se ignoran, forma a un niño obediente en apariencia, pero ansioso en su interior.

Los psicólogos distinguen varios estilos de crianza:

  • Autoritario: control estricto, mínimo afecto. A menudo lleva a la represión emocional, baja autoestima y estrés crónico.
  • Permisivo: exceso de libertad sin límites. Al niño le falta estructura y sensación de seguridad.
  • Autoritativo: combinación de límites claros con calidez y atención. Considerado el más favorable para desarrollar una personalidad sana y segura.

Un padre que puede mostrar amor y establecer límites razonables al mismo tiempo ayuda al niño a aprender autorregulación y a desarrollar una sensación de seguridad y estabilidad.

 

Recomendaciones prácticas: cómo mostrar amor a un niño

0–2 años:
  • Cárguelo con frecuencia, abrácelo, mécalo
  • Responda al llanto con atención y calma
  • Use el contacto “piel con piel” —refuerza el vínculo emocional
3–6 años:
  • Juegue a juegos activos con él
  • Abrácelo antes de dormir y al despertar
  • Respete sus emociones, no lo avergüence por llorar
7–12 años:
  • Sustituya los abrazos por gestos amistosos (apretón de manos, palmada en el hombro)
  • Invente rituales familiares: un apretón especial, un saludo secreto
  • Dedique tiempo a actividades compartidas: deporte, juegos de mesa, paseos
Adolescentes:
  • No se imponga, pero deje claro que está presente y disponible para hablar
  • Respete su espacio personal, pero manténgase emocionalmente accesible
  • En momentos difíciles, ofrezca apoyo con suavidad y respeto

 

En conclusión

Los niños no son menos sensibles que las niñas. Necesitan afecto, atención y apoyo emocional. La cercanía física no es una debilidad, sino una herramienta clave para desarrollar seguridad, empatía y estabilidad psicológica.

Una crianza con calidez y límites razonables ayuda a que el niño crezca no solo físicamente sano, sino también emocionalmente maduro. La ternura no es un lujo, sino una necesidad que no puede ser sustituida por nada. Es precisamente ella la que hace fuertes a los niños desde dentro.